12 de diciembre de 2010

"Waking the Fallen..."

Punto de inflexión. Hora de resurgir. Morir para volver a nacer . Es tiempo de tomar el tiempo. It´s time to make a change.


Primero tuenti, y ahora esto. Estoy que no me reconozco...
¿Yo, dejándome arrastrar por las modas y los medios? Supongo que, llegados a determinado punto, no queda otra opción...
"Si no puedes con ellos, únete a ellos...", reza el proverbio, ¿no?. Pues vale. Tampoco es que me importe, la verdad. Si la vida es cambio, yo    le daré cambio a mi propia vida.

  Y hablo de cambios, porque para bien o para mal, las cosas han cambiado y mucho. Ha cambiado mi mundo, mi círculo, mi todo. Y esta vez, hay que devolver el golpe. No puedo consentir quedarme atrás otra vez, vacío y sólo. En todo conflicto, interior o exterior, llega un momento en el que hay que elegir: puedes  huir, puedes rendirte o puedes imponerte. Por una vez he decidido darle una oportunidad a la tercera vía. A ver qué tal.

He decidido cambiar, pero sólo lo de fuera. Marcarme nuevas metas y nuevos objetivos aunque de de sobra sepa que son efímeros. Porque resulta que al final, querido lector, la vida no es sino una esencia fútil y miserablemente efímera, que se nos escapa de entre los dedos de las manos como arena.

Pero como siempre digo, esto no es una partida del Super Mario Bros... No hay vidas ilimitadas, ni continues que puedan pagarse con monedas. La realidad es cruel y bondadosa al mismo tiempo y dado que sólo vivimos una vez (o eso se dice) para qué desperdiciarla sí aún podemos vivirla al máximo dentro de nuestras posibilidades.

Por otro lado, lo de dentro, lo que me hace ser quien soy, voy a mantenerlo. Mi identidad, lo que pienso y siento y el cómo lo pienso y lo siento es lo que me hacer ser Phalanx, así que nada me hará cambiarlo. Hoy puedo decir, que una porción de mi ser, se alegra de ser lo que soy, de haber vivido lo que ha vivido, de haber cometido errores y de haber aprendido de ellos. Día a día, aprendo que soy único y que no lo cambiaría por NADA. Y haber llegado a esta conclusión ha costado sacrificios, dolor, sufrimiento, ralladuras de cabeza y grandes dosis de instrospección pero...

Hoy, creo poder decir que no me arrepiento de nada  y que cada día estoy más en paz conmigo mismo.

PD: Lamento si mi primera entrada ha resultado ser muy personal, pero necesitaba expresarme a nivel íntimo :). Prometo colgar algún escrito o sucedáneo de relato en breve.

Concluyo con una cita genial de "La espada del Inmortal":

"Vivamos acumulando pecados y eternidad,
Pues si uno trata de redimir sus culpas,
Por virtuoso que sea, no logrará salvar su alma.
Ni qué decir, por supuesto, un criminal..."


Abrazos como este no se  ven todos los días 8D


6 comentarios:

  1. Muy bueno el blog, te dejo el mio

    http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/

    Nos leemos, saludos.

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  2. Espero q sigas acabando con frases de la espada del inmortal ;)

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  3. Enhorabuena; esa misma epifanía la tuve yo hace ya muchos años. Esa misma epifanía es la que te ha hecho un hombre, desde el mismo instante en que se te presentó. Guia siempre tus pasos bajo esa epifanía, y nunca la olvides, pues eso es vivir (con todo lo que ello supone).

    Es bueno verte por aquí. ¡Mejórate!

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  4. pff...muy profundo alejandro,me ha encantado y a la vez ha dolido mucho leerlo,porque siento exactamente lo mismo que tu...
    a por ello voy tambien...a probar con la tercera vía.

    :)

    tengo ganas de verte.

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  5. Bienvenido al mundo bloguero. He releido tu texto con gran satisfacción y un leve punto de sorpresa. Muchas de tus reflexiones merecen comentario. En cualquier caso no me extenderé, salvo para alegrarme de tu paz interior y de tu coherencia. Tampoco quiero dejar de felicitarte si eres de los que, tal como afirmas, practicas la introspección que es el primer paso- difícil y duro como reconoces- para no cambiar sino, tal como has descubierto, evolucionar. Así hace quién sabe hacerlo. No todo el mundo tiene los arrestos suficientes para aplicarse la lupa introspectiva. Y mi felicitación va en ese sentido: la capacidad de enfrentarse a las verdades que a uno le habitan, a la honradez de discernir el equipaje del lastre, la naturaleza de las cicatrices debidas al daño alguien nos infligió y las que nos causamos nosotros mismos por imprudencia o impericia. Bueno, yo también prometo comentarios menos trascendentes.
    Bienvenido de nuevo a esta aventura en la que ya tantos, movidos por unas u otras razones, hemos sucumbido.

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