11 de junio de 2011

"The Whirlwind/ Is it really happening...?"

Disculpas nuevamente, queridos lectores: el relato de hoy es espontáneo, motivado por los sentimientos y pensamientos de las últimas lunas. El pasado mes comencé un ambicioso proyecto que resultó exigir más esfuerzo del que supuse en principio. En cuanto disponga de más tiempo, lo retomaré y finalizaré. Hasta entonces, os dejo con estas líneas. Como siempre, la música es la protagonista.
Espero que sea de vuestro agrado.

"The Whirlwind/ Is it really happening...?"

"¿De verdad está ocurriendo...? ¿Así es como acaba todo...? ¿Tan simple, tan demoledor...?
Cuesta creer que todo esté sucediendo realmente y que vaya a desembocar en el Olvido. En el seno de la Nada más absoluta.
 La televisión, Internet, la radio... Todos los medios lo habían estado presagiando, como si de un  oscuro augurio se tratase. Augurio que la mayoría, inluído yo, nos resignábamos a tomar en serio.
 En apenas medio mes, el rumor se había esparcido como una virulenta enfermedad hasta convertirse en una intranquilidad muda, a duras penas fingida. Solo unos días después, los primeros "nómadas" (como así los había denominado despectivamente la prensa sensacionalista), temerosos, habían dejado sus residencias y posesiones con el único objeto en mente de escapar. A estas alturas, paradójicamente, el que no es un "nómada" es considerado un loco, un inconsciente, un suicida. Cuán manipulables son las masas cuando cunde el pánico... Si creen que por haber seguido a su primitivo instinto de supervivencia en vez de a su raciocinio van a sobrevivir a la catástrofe, lamento decepcionarles.

Porque eso es precisamente lo que hace tan singular y único a este asunto: no hay forma de evitarlo, no hay escapatoria posible. Es un hecho tan sumamente sencillo que aceptarlo se antoja una tarea ardua, casi inabarcable. Aún a riesgo de aludir a ese tópico del cine de ciencia ficción de Hollywood: "Estamos irremediablemente condenados". Resulta irónico, ¿No?. Cientos y cientos de películas y novelas producidas por el hombre basadas en invasiones alienígenas, una nueva Edad de Hielo, el calentamiento global, una guerra de proporciones colosales... Y resulta que el desenlace es algo tan mundano y a la vez tan sobrecogedor y destructivo como lo es un torbellino.

Pero no hay nada de mundano en este fenómeno. Cuando hará unos veinte días comenzaron a informar del tamaño de las turbulencias que más tarde originarían "El Torbellino", nadie salvo los equipos de meteorología mundial le dio la más mínima importancia. Estamos hartos de asistir a seísmos, maremotos y tornados que azotan estados, países o continentes... ¿Por qué éste torbellino tendría que ser algo diferente...?

Y sin embargo, es diferente. Tan diferente, que es la mayor catástrofe de la historia. Las pocas emisoras que siguen activas a lo largo del globo han estimado que tiene un diámetro de alrededor de 350 km y que avanza a la deriva, arbitrariamente, a una velocidad de 500 km/h... y no ha detenido su infatigable avance desde que ha despertado. Prácticamente toda América ha sido literalmente borrada del mapa y la mayor parte de Asia y África ha corrido la misma suerte.

Los más devotos aseguran que es el "Diluvio Universal" de nuestra época, el castigo por los pecados de la humanidad. Otros (menos religiosas y no por ello menos ignorantes), simplemente lo achacan a que es una consecuencia del efecto invernadero... Yo, acérrimo seguidor de Ockham, he apostado por una alternativa más simple y suficiente: Es el Fin y como tal, hay que aceptarlo. No es algo que pueda solucionarse rezando o corriendo. De nada sirve escapar al otro confín del mundo si, más tarde o más temprano,  "El Torbellino" acudirá para dar caza a los pocos fugitivos que sigan con vida. No hay un lugar seguro. No hay donde esconderse. Por eso permanezco en mi casa: estoy tan convencido del inexorable destino que nos aguarda a todos, que estoy dispuesto a recibirlo en el mismo umbral de mi hogar. Tampoco tengo qué perder ni echar en falta: No me queda nada que "El Torbellinó" me pueda arrebatar salvo la vida y cuando a uno ya no le importa ni siquiera dar la vida, el mismo concepto de "vida" pierde todo su significado.  No tengo a nadie, mi existencia está vacía y a merced de un apocalíptico torbellino que nos está barriendo, como si fuésemos míseras motas de polvo. Pensándolo fríamente, probablemente no seamos más que desechable polvo.
 En cierto modo, he de confesar que llevo esperando "El Torbellino" desde hace mucho, mucho tiempo. Me refiero a un fin seco, rápido, indoloro. Quizás deba ser así, quizás esto no es más que el producto de otra imposición del destino... Lo tengo asumido. Donde "El Torbellino" está sembrando la devastación, puede que para mí, (egoísta de mí) no sea sino el comienzo de algo mejor y más hermoso... Voy a asistir al Fin, y eso es en parte, por desolador que pueda sonar, un privilegio por el que muchos en la Antiguedad habrían estado dispuestos a pagar. Formo parte de la historia: Del Fin de la historia. Formo parte de los miligramos de tinta que, unidos,  forman el punto y final de nuestro mundo, de nuestra civilización, de nuestro legado, que muere con nosotros.








En ese preciso momento, Drake, mi pastor alemán comienza a ladrar enfurecidamente, observo como se le eriza el lomo y sus orejas se afilan súbitamente como activadas por un resorte invisible. Un sudor gélido me recorre la espalda. Tan embriagado estaba con mis cavilaciones, que no he prestado atención al silbido lejano (ahora alarmantemente próximo) que ha ido ganando en intensidad y violencia con el paso de los segundos hasta convertirse en el rugido de una implacable bestia.

Ya está aquí.

La casa cruje hasta sus cimientos: un pilar de carga comienza a resquebrajarse con un atronador sonido. Los cuadros se precipitan, el suelo tiembla, los cristales estallan en mil fragmentos. No hay a dónde agarrarse, o con qué protegerse. "El Torbellino" juega malévolamente. En el exterior, lo que queda de las casas vecinas  flota como burbujas de jabón. Las farolas arrancadas de raíz bailan al son de la fuerza centrífuga. Con un terror indescriptible contemplo como el tejado de mi propia casa es arrancadocon pasmosa facilidad, como si de la cáscara de una nuez se tratase . Cuando miro al cielo y sólo veo la negra masa incorpórea girar y girar en una danza macabra e hipnótica, confirmo mis sospechas: No hay forma de salir con vida de ésto. Drake asciende y le pierdo de vista en mitad del caos al que asisto. Como si mostrase un ápice compasión por mí, la corriente me eleva con ruda gentileza hasta que observo en primicia el ojo del mismísimo huracán: es un espectáculo por el que merece la pena morir, pienso maravillado. Un segundo después, mi cuerpo es despedazado por la arrolladora fuerza y mi existencia termina donde una vez empezó: en el seno de la Nada más absoluta."









"El mundo flotante, es también un infierno.

En el mundo flotante, reinan también las tinieblas.

...O eso dice, entre risas, un criminal"

21 de abril de 2011

"Solitary Shell"

"Sal de los escombros y ponte a salvo. Rápido. Cuanto más rápido lo hagas, menos dolerá. Observa tus contusiones, tus heridas: si no son mortales, no hay de qué preocuparse. Trata de relajarte y agradece que el golpe no haya sido fatal.
 La torre que con tanto ahínco y esperanzas estabas levantando se ha venido abajo sobre tí. No temas, no es el fin. Solo el fin de la torre, y si se ha derrumbado, por algo será. Quizás es que no era una torre lo suficientemente buena...



Fortalécete. No es ni mucho menos la primera vez que experimentas este dolor, esta impotencia. Demuestra lo que vales: ignora las dolorosas heridas y manos a la obra. No hay tiempo que perder.

Comienza a definirla, poco a poco, meticulosamente. Céntrate en la silueta: debe ser recia, que parezca que pueda soportar cualquier fuerza que la azote.

Escoge los materiales: resistentes, duraderos y de confianza. No es difícil, los cimientos tienen que ser, simple y llanamente, aquellos que siempre han estado ahí. Aquellos que te han animado y distraído en tiempos peores y cuya efectividad sea verdadera. Más fácil aún, selecciona aquellos que nunca te han fallado.

Ahora probablemente pienses que, en el estado en el que te encuentras, realizar una obra como ésta es una tarea titánica, que escapa a tu control. Es en estos momentos en los que más que nunca debes confiar en ti mismo y en tu capacidad. De hecho, diseño y edificación de esta arquitectura te corresponden a tí y solamente a ti. Nos desfallezcas, pues eso implicaría que se te desplomase encima una vez más, de forma definitiva. Confía ciegamente en tí mismo y sigue adelante, siempre adelante y no mires atrás.

Tienes el diseño, los materiales idóneos y otra cosa más: el espíritu. Mientras estos tres elementos den la talla, nada más importa.
Cuentas también con otra ventaja: la experiencia. No es la primera vez que topas con este problema, con este revés del destino. Ni tampoco es la primera vez que tratas de sobrevivir a sus efectos. La experiencia es una sabia consejera que rara vez hay que silenciar. Que hable: siempre tiene algo interesante que aportar.

Lo que viene a continuación es la parte más sufrida y difícil de todas: edificar y soportar. Ya te aviso que en esta fase del proceso se te van a venir a la cabeza todo lo referente a la torre: desde la ilusión con la que le diste forma, pasando por el momento en el que la finalizaste y acabando en el momento de su desplome. Lamenta el tiempo y esfuerzo empleados en vano y llora el colapso todo lo que haga falta, pues es parte de la historia de la torre y de tu propia historia como arquitecto. De hecho, si lloras es porque mereció la pena levantarla con la sola ayuda de tus manos y de tu fuerza de voluntad. Sé fuerte, y resiste.


Está lista. Construida alrededor de tí, tienes tu mejor obra. Es sencilla y al mismo tiempo compleja. No es elevada y hermosa como lo era tu torre, pero cumple con su función: has edificado una barrera, un escudo, una fortaleza que te protege de todo. Comprueba su dureza: si sus paredes son lo suficientemente resistentes, el trabajo habrá merecido la pena. Ahora estás más a salvo que nunca.
Este cascarón es tu nueva torre, y es en él en el que debes depositar todos tus esfuerzos e ilusiones. Básate en él. Olvida la torre. La torre sólo te ata a recuerdos dolorosos, recuerdos que ojalá estuviesen tan enterrados como sus escombros. En el caparazón estás seguro. Libre del dolor que el resto del mundo pueda ocasionarte. Eres libre en tu propia prisión... ¿Salir? No puedes salir de la fortaleza. Para eso fue concebida por ti mismo: para estar aislado. Si nadie te hiere, no sufrirás. Es sin duda alguna, la arquitectura suprema. Ningún sentimiento penetra sus paredes, ninguna mentira llega a tus oídos. Eres invulnerable en tu inexpugnable cubil... ¿Y aun así quieres salir? ¿Para qué? ¿Para crear torres que acabarán por sepultarte? ¿Para volver a sentir el demoledor fracaso? ¿La sensación de perderlo todo en un parpadeo? ¿El dolor de volver a comenzar de cero? ¿No te das cuenta de que tu escudo va más allá? Eres aún más patético de lo que imaginaba... No puedes salir. Es indestructible, es lo que deseabas: algo que te guardase del amargo dolor por toda la eternidad. Aquí los sentimientos y las sensaciones carecen de sentido. No existe la felicidad, pero tampoco la infelicidad. Puedes estar orgulloso... Es una obra genial en todos sus ámbitos. Perfecta. Mi más sincera enhorabuena... 

Ahora espero que te pudras en tu solitario caparazón por el resto de tus días rememorando tu amada torre, estúpido arquitecto."











 "Aparte de seres amados,    

también seres odiados        

 habitan dentro del corazón"


3 de abril de 2011

"Vacant"

"Tambaleándome por las heridas que cercenan mi cuerpo, penetro en el umbral. La sangre comienza a enturbiarme la visión de uno de los ojos, no siento el brazo izquierdo, el sólo amago de respirar me provoca un dolor inimaginable.

 Siento como se me escapa la vida sin remisión. Paso a paso, gota a gota, hálito a hálito.

Y sin embargo, poco, por no decir nada, importa que me esté muriendo.

La voluntad (lo único que permanece incólume en mi demacrado ser) me mantiene con vida a duras penas. Sé que el dolor que estoy experimentando bastaría para acabar conmigo en otras circunstancias. Pero, de algún modo, me aferro a vivir, a luchar, a desafiar a la Muerte inminente por la única razón por la que merece la pena que mi corazón siga latiendo.

La cojera no detiene mi implacable avance. La busco con el ojo sano. No consigo divisar su silueta. Desesperado, grito su nombre, y al instante noto como una lágrima surca mis mejillas cuando solo obtengo como respuesta al cruel eco de mis palabras.  
Tropiezo y caigo de bruces contra las baldosas de piedra del templo. Articulo un rugido de pura impotencia y casi siento deseos de rendirme, pero rápidamente me reafirmo en que estoy enfrentando algo más importante que el resultado de mi nimia existencia. Extrayendo fuerzas de donde ya no quedan, me apoyo en mi fiel espada, y lanzo una última ojeada con la esperanza de encontrarla, y de que todo el sacrificio haya servido de algo.

Solo entonces, metros más allá, consigo distinguir su cuerpo yaciendo sobre el altar de piedra.


 















Súbitamente, el júbilo me inunda por completo: vuelvo a sentir el manar de la sangre por mi brazo herido, mi ojo recupera la vista, la respiración ahora duele pero de forma distinta, pues el aire fluye a través de mis pulmones con demasiada violencia. Me olvido del sufrimiento y comienzo a correr, como si no hubiese dolencia lo suficientemente maligna como para hacerme desistir en mi idea de acudir a su lado.

Alcanzo al altar. Su hermosa figura, su perlino vestido y su melena azabache... No los recordaba tan sobrecogedoramente cautivadores. La ausencia de sangre, me tranquiliza: Su vida ya no corre peligro. Le acaricio torpemente la mejilla, diciéndole que estoy con ella, que no hay de qué preocuparse, que todo ha pasado...

De pronto el terror se apodera de mí: no oigo su dulce voz, ni siquiera su suave respiración. Está gélida como la piedra sobre la que descansa.

Finalmente, confirmando mis mayores miedos, reparo en sus ojos: congelados, perdidos, agujeros negros... sin vida. Me observan sin observarme, inconscientes, inertes, muertos.
Los míos estallan en miles de lágrimas. Todo ha sido en vano, inútil. Abrazo tu cadáver, como tratando de insuflarte la vida que ya no posees, pues quiero creer en que aún no te he perdido para siempre."

"13 jodidos tomos para este beso T_T"

"Repito, susurrando.

Repito, hilvanando mis palabras.

E inquiero el nombre de quien me visita"